Poniendo la primera piedra

Son casi las once de la noche y llevo toda la semana mareando a la perdiz sobre qué escribir en esta primera entrada «oficial» del blog. Procrastinar es la palabra de moda para calificarlo, pero miedo, qué digo miedo, pánico escénico es lo que mejor lo define. ¿Y si me lío y no escribo más que tonterías? ¿Y si me enrollo, como siempre, y convierto esto en «El Quijote: El regreso»? ¿Y si lo lleno de onomatopeyas de las mías (Ayyy, paffff, smuacksss, chofff) y la gente termina convencida de que donde debo estar es en el psiquiátrico?

Pues mira, que sea lo que Dios quiera, ancha es Castilla (aunque estemos en Gijón), y primero paz y después Gloria. A partir de mañana todo el que quiera pasar por aquí encontrará niños y niñas guapos a rabiar, bebés achuchables, besables y espachurrables y familias de esas con las que te gustaría vivir, así que aquí les esperamos todos ellos y yo, la fotógrafa que les convenció para dejarse inmortalizar.

Y como para muestra bien vale un botón les presento a Almu, que en el día su comunión estaba así de preciosa.

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