Suscríbete a mis emails para conocer a Pomelo y recibir un regalito
¿Quién no ha deseado tener una máquina del tiempo para volver atrás y cambiar lo hecho o para ver cómo eran las cosas en el pasado? Vale, también sería interesante ver el futuro, pero entonces parte de la gracia de la vida se perdería.
De lo que no nos damos cuenta es de que ya poseemos esa máquina, e incluso la llevamos encima a diario (en cualquier móvil): la cámara fotográfica.
¿Que no nos lleva muy lejos y no nos permite intervenir? Vale, lo admito, pero me concederéis que enseñar a nuestros hijos la cara de sus bisabuelos no tiene precio.
Uno de los muchos momentos de mi infancia que recuerdo con cariño es estar mi hermana y yo sentadas en el sofá mientras mi madre planchaba (mi hermano acaba de descubrir las chapas y andaba disputando su liga casera en el campo de fútbol creado con el dibujo escocés de la colcha de su cama), mirando su álbum de boda.
Llenas de curiosidad le preguntábamos: «¿Y quién es la que baila con papá? La hermana de la Tata. ¿Y dónde vive? En Madrid ¿Vive con la Yaya? Noo, viven en casas distintas. ¡Ah! ¿Y está lejos Madrid? Pues un poquito… ¿Estaba rica la tarta de boda?»… y así hasta el infinito.
Cuando tenga hijos y sobrinos, aunque no tendrán la suerte de conocer a sus abuelos, sí podré enseñarles lo guapos que eran y, alrededor del álbum familiar, contarles la apasionante historia de su vida, que, en definitiva, es el origen de la suya.
«Jaime, no sólo te llamas como tu abuelo, sino que has heredado sus espesas cejas y su inteligente sentido del humor»
«Carmen, ¿ves de dónde vienen tus verdes ojos? Que síii, fíate de mí, eran verdes»

El único riesgo que, a mi modo de ver, tienen las fotografías, es que al congelar un momento concreto en el tiempo, en cierto modo están manipulando tu memoria, de tal manera que a veces no sabes si recuerdas algo porque pasó o porque lo tienes en la foto.
Pero ¿acaso eso tiene importancia? Porque en realidad lo que están haciendo es proteger ese momento del olvido, no sólo mío, que lo viví, sino de los que vengan, que tendrán pruebas de que existió.
Dicen que en los incendios o inundaciones lo primero que la gente intenta salvar, después de a las personas, es sus fotografías. Yo, desde luego, lo haría.
Será porque hoy, como todos, me hago un poco más vieja, pero cada vez que veo cosas como ésta se me llenan los ojos de lágrimas.
No les neguéis a vuestros descendientes el placer de conocer vuestra vida, vuestra historia.
Haced fotos, haceos fotos, dejad que os hagan fotos. Es el mejor patrimonio que
una familia puede tener.
No te quedes con las ganas ni las dudas: